En una visita realizada a Aguas Verdes, pleno límite con Ecuador, el presidente José Jerí ofreció declaraciones que, más allá de su tono enérgico, dejaron al descubierto un diagnóstico crudo: más de 25 años de abandono estatal sobre las fronteras del país, incluida la región Tumbes, donde la falta de control migratorio, infraestructura débil y servicios colapsados se han convertido en parte de la vida cotidiana.
Frente a comerciantes, vecinos y autoridades locales, Jerí reconoció que las zonas limítrofes han permanecido relegadas por sucesivos gobiernos, mientras los problemas crecían sin respuesta. Puso como ejemplo el Hospital Regional de Tumbes, una infraestructura que “adolece de múltiples necesidades”, pese a ser el principal centro asistencial de una región que soporta un flujo migratorio continuo y una demanda creciente de servicios de salud.
Pero lo más relevante de su intervención fueron las propuestas que su gestión ha presentado a la Comisión de Constitución del Congreso, orientadas a reformar la manera en que el Estado aborda la realidad fronteriza.
La primera medida busca priorizar la presencia de las Fuerzas Armadas en el control migratorio, asignándoles un rol más firme en la vigilancia de pasos irregulares, mientras que la Policía Nacional se concentraría en tareas de seguridad interna y lucha contra el crimen organizado. Según el presidente, la actual estructura no permite una respuesta eficiente ante la migración desbordada ni ante las mafias que operan en la franja fronteriza.
El segundo planteamiento apunta directamente a un tema económico estratégico: modificar la Constitución para eliminar la restricción que impide la inversión privada especialmente extranjera dentro de los 50 kilómetros de la frontera. El mandatario cuestionó que se legisle “a espaldas de la población”, recordando que Tumbes tiene poco más de 60 kilómetros de costa y que esta limitación ha frenado proyectos turísticos, industriales y comerciales que podrían generar empleo y dinamizar la región.
Las declaraciones de Jerí evidencian un cambio de enfoque: pasar del discurso superficial al reconocimiento de vacíos estructurales que afectan la vida fronteriza. Sin embargo, el reto será transformar estas ideas en acciones concretas, sostenidas y articuladas, en un territorio que ha escuchado promesas similares durante décadas sin ver resultados reales.
Mientras tanto, en Aguas Verdes, el día a día sigue recordando que la frontera es más que una línea en un mapa: es un espacio donde se cruzan problemas, desigualdades, oportunidades y donde la presencia del Estado llega, por lo general, mucho después que las necesidades.


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