El Proyecto Olmos se ha convertido en el motor de desarrollo más importante de Lambayeque en las últimas décadas, demostrando cómo la ingeniería, la inversión y el trabajo conjunto entre Estado, empresa privada y agricultores pueden cambiar la historia de una región.
Gracias a este megaproyecto, más de 23 mil hectáreas de tierras áridas fueron transformadas en zonas agrícolas de alta productividad, lo que permitió la consolidación de cultivos de exportación como arándano, palta y uva, reconocidos en los mercados internacionales por su calidad y rendimiento.
La obra no solo abrió las puertas al agro moderno. También atrajo US$ 3,940 millones en inversiones público-privadas, generando encadenamientos virtuosos con sectores como la agroindustria, la construcción y los servicios. El impacto económico ha sido contundente: desde 2007, el crecimiento acumulado de Lambayeque alcanzó un 177 % al 2023, impulsando la modernización productiva y reduciendo brechas sociales históricas.
El diseño del proyecto integró tres componentes estratégicos: el trasvase hídrico desde la vertiente amazónica, la infraestructura de irrigación tecnificada y la operación productiva en campo. La ingeniería incluyó un túnel trasandino de 20 kilómetros, un hito de la obra civil en el país, además de sistemas de riego automatizados bajo un modelo de Asociación Público-Privada (APP).
Su ejecución, a cargo de las concesionarias CTO y H2Olmos, junto con los agricultores e inversionistas privados, se inició en 2006 y marcó un antes y un después para la región.
Antes de Olmos, Lambayeque enfrentaba una economía vulnerable, con un PBI per cápita muy por debajo del promedio nacional y fuerte dependencia de un agro poco tecnificado. La sequía del 2003-2004 evidenció las limitaciones de un modelo extensivo, sin seguridad hídrica, en el que más de la mitad de la población vivía en pobreza y con servicios básicos desiguales.
La puesta en marcha del proyecto permitió revertir este panorama: se generaron 48 mil empleos anuales en promedio, los salarios crecieron un 26 % y el consumo de los hogares se expandió de manera sostenida, fortaleciendo el mercado interno y elevando la calidad de vida.
Hoy, el 71.7 % de la producción agrícola de Lambayeque proviene de Olmos, con exportaciones récord en arándano y palta. El sector construcción también vivió un auge, con un crecimiento de 214 % entre 2008 y 2023, impulsado por obras viales, urbanas y productivas vinculadas al proyecto.
Incluso el histórico Valle Viejo experimentó una transformación: de una economía ganadera de subsistencia pasó al cultivo de banano orgánico, apoyado por programas como Agroideas. Si bien aún persisten desafíos en diversificación y equidad, la zona dejó de ser marginal para insertarse en el circuito agroexportador.
El impacto social es innegable: disminuyó la pobreza monetaria, aumentaron los ingresos y se consolidó un mercado laboral más formal y dinámico. Además, la integración de Lambayeque a la economía nacional permitió reducir las brechas urbano-rurales y proyectar a la región como un eje clave de la agroindustria peruana.
En suma, el Proyecto Olmos no solo trajo agua a la tierra árida, sino también esperanza y oportunidades. Hoy Lambayeque es ejemplo de cómo la infraestructura, la innovación agrícola y la inversión responsable pueden reconfigurar el destino de una región entera.


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