La pava aliblanca (Penelope albipennis), un ave endémica del Perú y orgullo del bosque seco, tiene una nueva oportunidad para seguir volando. El Ministerio del Ambiente (Minam) presentó en Chiclayo los avances del proyecto que busca contribuir a la recuperación de esta especie y, al mismo tiempo, generar desarrollo para las comunidades de Lambayeque, Piura y Cajamarca.
Los resultados son alentadores: hoy se estima una población de más de 850 individuos, frente a los aproximadamente 400 registrados en años anteriores. Asimismo, más de tres mil escolares participaron en campañas educativas que sembraron en ellos el orgullo por proteger a esta especie.
Durante el “Encuentro por la Conservación – Ruta Alas que Siembran, Pava Aliblanca”, la viceministra de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales, Raquel Soto Torres, subrayó: “Conservar a la pava aliblanca es honrar nuestro pasado, proteger nuestro presente y asegurar un futuro sostenible. Esta especie es un símbolo de esperanza y compromiso para todo el país”.
La Ruta Alas que Siembran – Pava Aliblanca es una propuesta ambiental, cultural y turística que pone en valor la historia y la identidad de esta especie única del bosque seco. Es un camino que une a las comunidades, visitantes y naturaleza en torno a la especie y al ecosistema que la alberga.
Entre las principales amenazas que enfrenta la Pava Aliblanca se encuentran la pérdida de hábitat por deforestación y el cambio de uso de suelos. Por ello, el plan también enfatiza la educación ambiental en escuelas y el fortalecimiento de los comités de gestión en áreas naturales protegidas, dijo.
Con la “Ruta de la Pava Aliblanca”, el norte del Perú refuerza su compromiso con la conservación de la biodiversidad y la promoción de un turismo sostenible que beneficie tanto al medio ambiente como a las comunidades locales.
El circuito integra zonas de avistamiento y monitoreo dentro de áreas naturales protegidas, así como otras modalidades y esfuerzos de conservación. Incluye zoocriaderos y centros de rescate donde se impulsan programas de reproducción y educación ambiental, además de comunidades rurales que promueven prácticas productivas compatibles con la conservación.
También incorpora espacios culturales e históricos, como la quebrada San Isidro en Olmos, donde la pava aliblanca fue redescubierta en 1977. De esta manera, la ruta promueve el ecoturismo responsable, refuerza el orgullo local y fortalece alianzas entre actores públicos, privados y comunitarios, acercando a la ciudadanía a la protección de esta ave emblemática del norte del Perú.


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