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Ante lluvias Peot activo descarga controlada para evitar sobrellenado

La experiencia histórica del río Huancabamba demuestra que la ausencia de infraestructura de regulación, como la Presa Limón, exponía a la zona a graves desastres. En 1998, un caudal de hasta 750 m³/s arrasó un puente bailey, destruyó campamentos, inundó cultivos, viviendas y provocó derrumbes a lo largo de la carretera Fernando Belaúnde Terry. Años después, en 2008, nuevas avenidas superiores a 500 m³/s inundaron el túnel trasandino, dañaron equipos millonarios y generaron pérdidas económicas significativas.

Además, ya antes de construirse la presa, se evidenciaba un problema crítico: la acumulación acelerada de sedimentos en la cuenca, que redujo la capacidad proyectada del embalse de 43 a 37 MMC, incluso antes de iniciar obras. Eventos extraordinarios no previstos incrementaron este fenómeno, afectando la eficiencia del sistema.

Con la puesta en marcha del Proyecto Trasvase Olmos, el escenario cambió. La presa permite regular (laminar) las crecidas del río, reduciendo el impacto de caudales extremos aguas abajo. Por ejemplo, avenidas que podrían superar los 750 m³/s son retenidas y liberadas de manera controlada, evitando la destrucción de terrenos agrícolas, infraestructura y viviendas, como ocurría anteriormente.

Sin embargo, el sistema enfrenta retos. La deforestación de la cuenca y el aporte masivo de sedimentos —especialmente en épocas de lluvias intensas— han reducido significativamente la capacidad útil del embalse, llegando a perder hasta el año pasado, cerca del 70% de su volumen.

Las intensas lluvias registradas el 17 de marzo de este año y la obstrucción de la bocatoma provisional, ha obligado a operar mecanismos como la descarga controlada de fondo para evitar el sobrellenado, una medida esencial para prevenir el colapso de la presa y salvaguardar a la población, especialmente en zonas como Pomahuaca y Pucará.

Pese a estas dificultades, especialistas coinciden en que la presa sigue siendo fundamental para la seguridad hídrica y la gestión de riesgos. Sin ella, las crecidas continuarían impactando directamente a las comunidades, destruyendo cultivos, infraestructura, afectando ecosistemas y vidas, sin ningún tipo de control.

Ante ello, urge unir esfuerzos para la sobre elevación de la Presa hasta los 85 metros, la ejecución inmediata de trabajos de dragado para recuperar capacidad de almacenamiento y acciones articuladas aguas abajo. Estas medidas buscan fortalecer la función principal del sistema: proteger la vida de las personas.

En conclusión, la Presa Limón no solo cumple un rol hidráulico, sino que constituye una barrera crítica frente a desastres naturales en una cuenca altamente vulnerable, donde su ausencia significaría un escenario considerablemente más riesgoso.

 

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